Historias y Reflexiones

Las lecciones de un millonario retirado

Estando al frente en los negocios familiares, fue golpeado por una crisis, pero eso no fue suficiente para derrotarlo. Aquí las lecciones de un veterano de los negocios.

Calixto Romero fue un joven español que, en 1874, con 15 años de edad, salió de su país en busca de oportunidades. Pasó por Centroamérica y luego de haber adquirido experiencia comercial, en 1888 se instaló en Perú. Allí empezó el negocio de venta de sombreros: en realidad, quizá sin saberlo, estaba empezando uno de los grupos empresariales más grandes de la actualidad. Los Romero son dueños de una serie de empresas que facturan millones y que tienen presencia en toda Latinoamérica.

En 1965, Dionisio Romero Seminario, líder de la tercera generación de los Romero, se pone al frente de los negocios de la familia. Previamente fue preparado: Había sido enviado a estudiar en el extranjero con la misión de adquirir nuevos conocimientos que permitan profesionalizar el negocio familiar. Cuando regresó, joven y fresco, con una visión global, asumió las riendas del imperio.

Lo que no sabía Dionisio Romero Seminario, el millonario retirado del que hoy hablamos, es que, al poco tiempo de asumir la dirección del grupo empresarial de la familia, el Gobierno emprende una serie de medidas que lo ponen a prueba. Veamos:

El Grupo Romero era dueño de miles de hectáreas de tierra, pero el gobierno del entonces presidente Juan Velasco Alvarado emprende la llamada Reforma Agraria. El lema era: “la tierra es para quien la trabaja.” El Gobierno les quitó las tierras a los hacendados para repartirla entre los peones. En palabras simples, el gobierno les expropió.

Warren Buffett, quizá uno de los más grandes inversionistas de la historia, dijo hace poco en una conferencia que “tiene igual mérito heredar una fortuna y hacerle crecer, que hacer una desde cero. En ambas circunstancias – agregó – se precisa carácter y visión, dos poderosos elementos del éxito empresarial.”  ¿Qué haría usted si de pronto el Gobierno le quiere quitar algo que por legítimo derecho le pertenece? Aquí es donde se ve el genio y el temple del Joven empresario: lejos de huir como lo hicieron muchos, se quedó en su país. No dejó que el gobierno revolucionario lo intimide.

No vendió lo que le quedaba y se fue a Miami o a Francia a darse la gran vida. Tampoco hizo resistencia como hicieron algunos, sino que, con agudo olfato y viendo que cuando no puedes con el enemigo lo mejor es unírsele, amigablemente cedía lo que el gobierno quitaba por fuerza. Después, el Gobierno peruano daba bonos a todos aquellos a los que se les había quitado la tierra. Detengámonos aquí porque esto constituye una jugada maestra y es prueba irrefutable de que cuando un millonario lo pierde todo, lo vuelve a recuperar porque la riqueza está en su mente.  Los Romero invirtieron esos bonos en empresas textiles. La tierra en la que se produce algodón ya no es de ellos, ahora es de los peones.

Solo ha cambiado de dueños: pero la producción sigue en curso. Entonces han convertido la desgracia en una oportunidad: ahora han pasado de simples productores, a ser procesadores. Ellos compraban el algodón que ahora pertenece a los peones. A los pocos años de la reforma agraria, el gobierno militar iba de mal en peor: la economía se venía abajo. Muchos empresarios se iban del país. Y aquí es otra oportunidad para el joven Romero: mientras muchos venden asustados, él compra entusiasmado.

En un país que se venía abajo, los Romero seguían creando trabajo. Adquirieron una vieja empresa aceitera: hábilmente se dieron cuenta que, del algodón procesado, las pepas son oro puro. No se pueden botar así por así. Entonces, con las pepas de algodón empezaron a fabricar aceite. Nada se desperdiciaba: la mota para la tela, la pepa para el aceite.

La clave está en crear, en seguir invirtiendo. Luego, en el periodo 1985 – 1990, enfrentaron otro reto: la estatización de la banca. No se asustan, no salen despavoridos anunciando que se van del país. Más bien, encuentran formas de revertir la crisis. Estatización significa que el gobierno asume el control de las empresas. ¿Qué hacer? Venden sus acciones a los trabajadores, y pasada la crisis, vuelven a recuperar la mayoría de las acciones. Pasan los gobiernos, de derecha y de izquierda, civiles y militares, y los Romero siguen adelante.

Alguien puede mirar y criticar. Elaborar teorías a partir de la sospecha y decir que todo es corrupción. Otros observarán y sacarán lecciones. Hace poco Dionisio Romero Seminario, hoy retirado porque cedió la posta a su hijo, comentó que es importante no medir el éxito en función del dinero. “es más importante que acumular dinero, tener una buena familia, el ser bueno con tus vecinos, el tener buenos amigos, el dedicarles cariño, amor.” En el libro “Los Romero: fe, fama y fortuna”, el autor señala que la familia Romero mantiene sus tradiciones, pero moderniza sus empresas. ¿Qué tradiciones tienen? Poner la familia por encima de todo. Dionisio Romero Seminario ha dicho que lleva más de cincuenta años casado con la misma mujer, la mujer de su vida, la novia de su juventud, la madre de sus hijos. Hombre de empresa, hombre de familia.

En tertulia realizada en la universidad de Piura, Romero Seminario reveló una valiosa lección de negocios: “Mi hijo tiene la deformación de estar buscando qué negocio es el bueno, qué actividad es más rentable que otra: si es mejor la minería, la pesca o la agroindustria. Me parece que mi hijo tiene esa deformación, por decirlo así. Yo tengo la deformación de estar viendo cuánto capital y recursos necesito para llevar acabo un negocio: cuánto capital semilla debo poner, cuánto riesgo existe y qué palanqueo puedo manejar. Y, mi tío Feliciano, que es la generación anterior a la mía (y mi Abuelo) decía: ´no me digas qué negocio, no me digas cuánta plata gano, dime quién lo va a manejar´. De estos tres enfoques, muchísimo más importante es el último.”

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